Prácticas bioéticas cotidianas

 

Esta Carta de Lectores apareció hoy en el Diario Rio Negro:

“Una práctica que se ha naturalizado en la región”

El 6 de diciembre de 2007 mi esposa se internó en la Clínica Pasteur de Neuquén para que un conocido traumatólogo de esta ciudad le realizara una cirugía de cadera. Luego de entregar los datos requeridos para el ingreso, la recepcionista nos solicitó que firmáramos dos papeles preimpresos; uno, el consentimiento informado en blanco y sin la firma del cirujano y otro, un documento en el que dejábamos claro que habíamos sido bien atendidos durante el proceso de internación.

Nuestra hija, que es médica pediatra desde hace 30 años en esta ciudad, nos sugirió que firmáramos el formulario de consentimiento informado en la oportunidad en que lo llenara y lo firmara el cirujano; asimismo, nos indicó que hiciéramos lo propio con el conforme por la internación cuando nos retiráramos de dicho nosocomio. El cirujano, enfurecido, se negó a llenar y firmar el consentimiento informado en ese momento y, atento a que nos negamos a firmar en blanco, suspendió la cirugía.

La cirugía en cuestión es de alta complejidad; requiere varios días de preparación física y muchos más de preparación psíquica para los ancianos que debemos reemplazar nuestra cadera enferma. Confiamos entonces en este médico sin saber que, en un tácito acuerdo con la clínica, acepta que ésta obligue a los pacientes a firmar un consentimiento informado en blanco como un trámite burocrático más so pena de suspender la cirugía si este hecho no tiene lugar.

Entendemos que el consentimiento informado es un evento íntimo entre el médico y su paciente en el que ambos acuerdan la práctica a realizar. Si es a través de la confianza mutua, nadie debe firmar y, si es un resguardo legal, el médico debe llenar este documento en el consultorio y deben firmarlo ambos, médico y paciente. Las consecuencias de la suspensión de una intervención quirúrgica ya programada son indescriptibles. Los padecimientos tanto físicos como psíquicos, la angustia, el dolor y la incertidumbre fueron algunas de las derivaciones dañosas que dos personas ya mayores debimos soportar. Aclaramos que unos días antes, luego de semejante preparación, la cirugía ya había sido suspendida en la misma clínica por ausencia de material estéril.

Estos hechos motivaron que nuestra hija solicitara la aplicación de una sanción ética a su colega a través del Comité de Ética del Colegio Médico de Neuquén, al que este cirujano factura sus honorarios. Tras seis meses de espera el comité se expidió con una respuesta elíptica en la que no quiso expresar claramente que “no hubo falta ética en la solicitud de pedir al paciente la firma del consentimiento informado en blanco por parte del cirujano como condición necesaria para operar a la paciente”. El que no encontraran falta ética en lo sucedido quiere decir que consideran ético y plausible este comportamiento por parte de un socio de la institución colegiada.

Advertimos entonces a la comunidad que en la región esta práctica se ha naturalizado, quizá por los juicios de mala praxis iniciados a los médicos. No obstante, esto de ninguna manera justifica el avasallamiento de los derechos de los pacientes obligándolos a firmar el consentimiento informado en blanco minutos antes de una cirugía. Sabido es que el previo a una cirugía es un momento de máxima vulnerabilidad psíquica y física del paciente, y el que esta solicitud sea una condición impuesta para recibir una práctica médica por la Asociación de Clínicas y Sanatorios, aceptada por el médico, entregada por la secretaria de recepción y tácitamente silenciada por el Colegio Médico de Neuquén ante la indiferencia de la Subsecretaría de Salud es a todas luces inaceptable.

Nuestra hija hizo el reclamo en la Defensoría del Pueblo de la ciudad de Neuquén, que se expidió mediante una clara resolución que apoya nuestra queja respaldándose en abundante jurisprudencia que ponemos a disposición de toda la comunidad. Agradecemos por este medio al Dr. Eduardo Martínez, quien humanamente nos contuvo y al fin realizó el reemplazo de cadera.

 

Alberto Antonio Centeno, DNI 2.309.170

Lady Olmos Cárdenas de Centeno, DNI 3.104.589

Neuquén

A quien esto escribe le fué requerido exactamente lo mismo en un prestigioso hospital docente de la Ciudad de Buenos Aires, en el momento de entrar al sitio donde le iban a realizar una práctica, por cierto, no exenta de riesgos, algunos de ellos graves. Cabe agregar, a modo de curiosidad, que este hospital tiene dos Comités de Ética, uno clínico y otro en investigación. 

Luis Justo

 

Ver en http://www.rionegro.com.ar/diario/2009/02/10/cartas_de_lectores.php

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