Interculturalidad en salud

EL HOSPITAL DE MACHIS


Inédita experiencia de salud mapuche en Nueva Imperial


En el corazón del territorio mapuche, Hace un año que la medicina tradicional convive con la medicina clásica. Las machis ya no solo atienden en sus rukas, sino que en modernos box. Mientras ellas no dan abasto, los médicos tratan de entender, de a poco, cómo es esta medicina que cura el mal de ojo y reemplaza las pastillas por las yerbas. Visitamos el Hospital Intercultural.


Por Marcela ESCOBAR* I Martes 4 de Diciembre de 2007


 – Foto de Helmuth Fuentes.


(+) Desconsuelo y dolor a dos años de tragedia en Maihue

El 60 por ciento de sus pacientes viven en las zonas rurales cercanas a Nueva Imperial, y no todos pertenecen al Pueblo Mapuche: el 45 por ciento del año pasado no lo fue.


El acercamiento entre ambos centros médicos ha sido lento, pero va aumentando. Uno de los logros es justamente la hoja de derivaciones que acaban de formular en conjunto.


NUEVA IMPERIAL / Aquella mañana, Tránsita Paillalef llegó al Centro de Medicina Mapuche de Nueva Imperial a las 6, llevando consigo el principal requisito que la machi había exigido: un frasco de vidrio con la primera orina del día. La machi Isolina Ramírez observó el líquido amarillento al trasluz, sin que Tránsita le dijera que le dolía la ingle, que a veces no podía caminar, que a ratos las molestias la doblaban en dos. “La machi me adivinó la enfermedad. Me dijo: usted hizo una fuerza mala. Me explicó que tenía la enfermedad de la matriz, y que debía tomar lawen tres veces al día”, recuerda Tránsita, una mujer de 64 años que hoy llegó hasta el Centro de Medicina Mapuche de Nueva Imperial igual que hace dos semanas.

Esta vez viene a buscar más lawen, la medicina recetada por una de las médicas indígenas que atienden aquí, en lo que parece un hospital tradicional con sala de espera, funcionarios de delantal blanco, farmacia y box de atención. Pero éste no es un hospital tradicional: a diario, tres machis y dos ngütamchefe, como aquí le llaman al componedor de huesos, más la atención semanal de una püñeñelchefe, la partera, reciben pacientes en salas acondicionadas para realizar los ritos medicinales que los mapuches han conocido por siglos. Ahora, aquí, los machis también atienden por Fonasa.
Desde hace un año que Tránsita Paillalef tiene la posibilidad de elegir si se trata en el Centro de Medicina Mapuche de Nueva Imperial, o en el hospital mismo, el “hospital huinca”, como le dice ella, un edificio pegado a éste pero con administración, funcionarios y especialistas propios. En junio de 2006 la presidenta Michelle Bachelet inauguró en esta ciudad, a media hora de Temuko, el Complejo de Salud Intercultural que incluye estos dos establecimientos, con el objetivo de que ambas medicinas puedan convivir e, incluso, combinarse. Por eso, la primera opción de Tránsita fue el hospital: el día en que se sintió peor partió a la urgencia y se hizo ver por un médico tradicional, le inyectaron suero y la dejaron en reposo. No recuerda bien cuál fue el diagnóstico, pero sí que aquel día no tenía fe.
“Uno tiene que tener fe para poder mejorarse, palabra que es cierto, y cuando iba al hospital yo no la tenía”, cuenta, mientras espera que en la farmacia le entreguen su lawen, la medicina prescrita por la machi y que ya no le queda. Tránsita vive en Llancahuito, un sector rural a dos horas de Nueva Imperial. En esta zona, el sesenta por ciento de la población es mapuche, pero también llegan pacientes huincas. Hoy, sin embargo, la sala de espera está atestada de gente con rasgos indígenas; todos, muy serios y vestidos con formalidad. Los hombres –en su mayoría, ancianos– llevan sombrero y saludan con corrección. Algunas mujeres cubren sus cabezas con pañuelos de colores. Nadie está solo: la machi prefiere que cada kutranche, cada paciente, sea acompañado por familiares. La enfermedad, quizás, está también en ellos.

Mientras les llega su turno, en la sala se escucha un murmullo incesante. Un murmullo de voces que sólo hablan mapudungún. Tránsita espera media hora por su lawen, el que retira en las mismas botellas plásticas de dos litros que ha traído desde su casa. El líquido es de color ámbar, espumoso. La mujer no sabe cuáles son las yerbas que contienen esas bebidas, pero no cuestiona porque desde que las toma, dice, se siente mejor. A la machi Isolina llegó por referencias; luego de desestimar la atención que le dieron en el hospital huinca, supo que la machi atendía justo al lado, gratis, y le dijeron que era buena.
El 60 por ciento de estos pacientes viven en las zonas rurales cercanas a Nueva Imperial, y no todos pertenecen al Pueblo Mapuche: el 45 por ciento de los que durante el año pasado se atendieron con alguno de los machis no era mapuche, según cifras del centro médico. La mayoría llega como Tránsita: recomendada por otros. Algunos comienzan a llenar la sala de espera desde las 6 de la mañana, aunque los especialistas recién arriban a las 8. Es la única manera, dicen, de conseguir número de atención. Los tres machis y los dos componedores de huesos se hacen pocos para los 60 pacientes que llegan a diario.
Además de su carné de identidad y la primera orina del día, el paciente debe acreditar que es beneficiario de Fonasa, llenar un formulario de consentimiento informado y traer botellas plásticas para almacenar los zumos de yerbas recetados por su machi. Cada especialista tiene su tratamiento, confidencial e incuestionable. “Una machi no es igual que un doctor. Ella hace el examen y descubre la enfermedad. Es una atención más larga”, explica Paola Huircan, uno de los auxiliares paramédicos a cargo de la recepción de pacientes. Los funcionarios han sido escogidos de acuerdo con criterios específicos: deben tener un vínculo estrecho con la cultura mapuche y en lo posible hablar mapudungún. Buena parte de los funcionarios del módulo mapuche son bilingües, mientras que Paola está aprendiendo el lenguaje de sus ancestros de a poco, con la ayuda de sus colegas. “La gente se siente feliz, en casa, cuando uno los saluda en mapudungún”, describe.
Paola es la encargada de realizar el primer chequeo a los pacientes, un filtro necesario para detectar urgencias que requieran la atención inmediata en “el hospital de al lado”. “Se trata de trabajar en conjunto”, responde la auxiliar, y explica que los pacientes que llegan descompensados deben ser atendidos inmediatamente en el hospital, y no quedarse a la espera de la machi. La medicina mapuche parece tener límites claros. Enfermedades crónicas como la diabetes no encontrarán la cura en ningún lawen, pero sí el alivio a varios síntomas. Las mismas machis, dice Paola, reconocen que hay males que no pueden tratar, y recuerda que una de ellas detectó un tumor cerebral a un paciente. Lo derivó de inmediato al hospital huinca y allá, luego de un escáner, confirmaron el diagnóstico.
Tampoco hacen cirugías ni atienden partos, por opción del centro médico. Y si bien hay pacientes que llegan con la clara convicción de dejar las píldoras recetadas en sus tratamientos tradicionales, aquí se les convence de combinar ambos métodos y abandonar, paulatinamente, los fármacos. “No vamos a asumir todo lo que se hace en un hospital”, declara Doraliza Millalen, presidenta de la Asociación Indígena Newentuleaiñ, a cargo de la administración del Centro. Y agrega: “No somos tan ambiciosos ni tan ingenuos como para pensar que la solución para todo va a estar aquí”.
Lo más común es que la machi derive pacientes a los médicos huincas –como ocurre con las cirugías–, pero no ha sucedido al revés. El Complejo Intercultural de Nueva Imperial contempla la derivación interhospitales, e incluso ya existen los formularios para que cada especialista (machi o médico) explicite su diagnóstico. Ha habido pacientes internados en el hospital que han solicitado la visita de la machi, pero no existe historial de enfermos enviados al módulo mapuche por recomendación de un doctor tradicional.
Afuera, en las calles de Nueva Imperial, Tránsita Paillalef ya emprendió el regreso a su casa en el campo. Regresará a control en una semana. El hospital huinca es exactamente igual en diseño al módulo mapuche. Los letreros están subtitulados en mapudungún, y los funcionarios se diferencian de los del centro mapuche sólo porque estos últimos llevan aplicaciones de tela azul sobre sus delantales blancos. Aquí también hay un altísimo porcentaje de profesionales con ascendencia indígena. Muy pocos, sin embargo, hablan el idioma.
“Los que están al lado no nos conocen, así que no es mucho lo que proponen. Nos ven como innecesarios”, acusa Doraliza Millalen. Al lado, en tanto, asumen que la experiencia intercultural recién se está construyendo. “Nos ha costado, no tenemos formación al respecto”, asume Silvia Velásquez, enfermera jefe del hospital de Nueva Imperial. “A muchos se nos abrió otra ventana: la de pensar que no tenemos la verdad de todo en el mundo occidental”.
El acercamiento entre ambos centros médicos ha sido lento, pero va aumentando. Uno de los logros es justamente la hoja de derivaciones que acaban de formular en conjunto. Momentos como las ceremonias del nguillatún o el we tri pantu (año nuevo mapuche) han servido, también, para acercar a ambos mundos. Los especialistas mapuches sirven de anfitriones en estos ritos, que se realizan en la ruca que está en la explanada, a un costado del módulo mapuche.
“Nuestro sistema de salud siempre ha existido”, afirma el machi Víctor Caniullan, mientras bebe café de grano en el interior de la ruca. El fogón ha sido encendido y un aroma a leña inunda el aire. Caniullan tiene 35 años, y hace 16 que supo que tenía el don de adivinar los males de su gente. Hoy es el machi de la comunidad de Pitrenco, en Carahue, y dos veces a la semana atiende en forma gratuita a los pacientes de Nueva Imperial. La tradición mapuche nunca ha excluido a los hombres de este rol, aunque hoy las mujeres siguen siendo mayoría. Ninguno de los machis contactados por este centro médico aceptó de inmediato la propuesta de atender en un hospital, abandonando su rehue (el árbol ceremonial) y su tierra. Cada uno lo discutió con su familia y esperó que Nguenechen, su Dios, se pronunciara. Víctor Caniullan vio en esto la posibilidad de que los mapuches más pobres pudieran, también, acceder a su salud ancestral.
“Muchos no tienen dinero para darle un aporte a la machi. Por eso, no concluyen el tratamiento”, precisa Caniullan. Porque cuando un machi atiende en su casa, siempre debe recibir una retribución. En el hospital, los pacientes no pagan por atenderse, ni por los remedios, sólo lo hacen si es necesario realizar una ceremonia mayor, como un nguillatun. Cada mes, sin embargo, los machis reciben un sueldo –un monto similar al del sueldo mínimo– y se los va a buscar y a dejar cada jornada. Caniullan insiste: “Nuestro sistema es distinto, ayudamos a personas que el otro sistema no ha podido sanar, de enfermedades espirituales, sicológicas, todas relacionadas con las enfermedades físicas”.
En el mundo mapuche, los males no sólo son biológicos. Si un campesino transgrede el espacio de otro sin permiso, o bien corta algún árbol sagrado, puede enfermar. El machi Víctor dice que los niños no deben jugar fuera de casa cuando el sol está en posición vertical o bien a la hora del crepúsculo: “En ese momento, son otros los espíritus que están rondando”. A Caniullan lo esperan para el almuerzo. Antes de partir, reconoce que ser machi es un rol difícil, expuesto e históricamente cuestionado. Hoy, sin embargo, asegura que existe la voluntad para que ambas medicinas –ambos mundos– comiencen a entenderse.
Luis Millan Maricoi transita habitualmente entre los dos mundos. Tiene 16 años, estudia en un liceo cerca de Temuco y es fanático del reggaetón. Este mediodía ha sido dado de alta del amukon, el espacio donde los pacientes mapuches son hospitalizados. Luis carga un bolso marca Extreme, viste polerón negro, jeans con aplicaciones metálicas y grandes collares al cuello. Unos fuertes dolores de cabeza lo trajeron, hace dos meses, a ver a la machi Juana Lincaqueo. Y hace tres días, ella decidió que Luis debía internarse.
“Nosotros tenemos fe: siempre nos hemos recuperado con medicina de campo”, dice. Sus dolores de cabeza venían acompañados de hemorragias nasales y algunas noches no podía dormir. La machi Juana le prescribió un lawen para la vejiga –”me bañaba mucho con agua helada”– y otro para la cabeza. “Me echaron un remedio por el oído”, describe, “eso me recuperó. Me tenía que hacer rápido el tratamiento, ya me estaba pasando”. En los tres días que Luis estuvo acá recibió dos veces “lavados de cabeza”, como él llama al tratamiento prescrito por Juana Lincaqueo. El muchacho confía totalmente en esta medicina: su abuela era machi, uno de sus tíos murió por “mal de ojo” y él ha sido capaz de enfrentar las burlas de sus compañeros con firmeza. “Ellos me dicen que estas son cuestiones de indios. Yo les digo que los indios están en la India. Acá somos indígenas”, afirma.
Luis no sabe una palabra de mapudungún y reconoce que su vida tiene más de huinca que de mapuche. Eso no lo enorgullece. Luego de esperar un rato en la puerta del centro médico, toma su bolso Extreme y parte camino a Carahue. Allá, en el bajo, en el sector de Coipuco, tiene su casa. Su mamá no pudo venir a buscarlo. En el campo, no todos los días es posible llegar a este otro mundo / Azkintuwe

Azkintuwe: http://www.azkintuwe.org/

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3 comentarios to “Interculturalidad en salud”

  1. MARCELINA Says:

    le envio un cariñoso saludo yuna pronta recuperacion a mi tio.(ARMANDO MARINAO CALFAN)…EL TRABAJA EN EL HOSPITAL INTERCURTURAL Y ES NUESTRO LONKO. EN LA COMUNIDAD IGNACIO ELGUETA. CON MUCHO CARIÑO SU SOBRINA MARCELINA MARINAO

  2. Escarly Says:

    soy de Concepción,y deseo saber donde puedo ir para llevar un exámen de orina para ser examinado por una machi.Puedo ir a Temuco si es necesario. un Cordial Saludo a todos ustedes,

    Atte,

    Escarly.

  3. Papay Says:

    Es dificil responder a su respuesta porque la demanda por especialista de salud en el Centro de Medicina Mapuche de Nueva Imperial es alta y la capacidad de atencion es limitada, pero si se posee recursos para autofinanciarse se puede acudir a la Machi en su espacio comunitario cancelando su consulta, de lo contrario si es una persona de escaso recurso, puede solicitar una interconsulta medica que lo derive a la Medicina Mapuche, ya sea por indicacion medica o a peticion del interesado, es necesario informar a su medico tratante. Ademàs es necesario ser afiliado a Fonasa, en el momento de atencion se exigira presentar su cedula de identidad, su tarjeta Fonasa y la Orina sacada al amanecer del día que solicitara la atencion.
    Esta Medicina se basa en la Fe, no es un juego, se requiere seriedad, respeto, reflexion.

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