24 de Marzo: toma de posición

Si para cualquier ciudadana o ciudadano de América Latina el tema de los Derechos Humanos plantea un necesario compromiso, para quienes trabajamos en salud este compromiso resulta mas urgente que nunca. Es hora de definirnos claramente, aunque sea en la medida en que las personas podemos definirnos, a veces vacilando, complicadamente, con cierta timidez o con definiciones tajantes. Tenemos historias diversas, y somos conservadores, liberales, socialistas, religiosos, ateos o agnósticos.

Pero hay una línea moral infranqueable. No se puede torturar a la gente, hacerla desaparecer, arrebatarles los hijos, ocultar sus restos, borrar su memoria.

Nuestros países han sufrido dictaduras brutales, a las que se han resistido, en muchos casos con heroismo, en otros con un resignado repudio. Pero alguna gente ha estado de acuerdo con la violación sistemática de los Derechos Humanos,  y sigue estando de acuerdo. No se puede explicar, de otra forma, la sistemática tortura y degradación que utilizan a diario nuestras fuerzas policiales, no se puede explicar el silencio y la complicidad de muchos médicos forenses, fiscales y jueces. También hay otros llamativos silencios y omisiones. Las asociaciones corporativas de profesionales de la salud callan en su mayoría. Las universidades no incluyen a los DDHH en sus programas y planes de estudio. La mayor parte de los programas oficiales de enseñanza de la bioética no hablan del problema de los Derechos Humanos y de lo que han significado sus violaciones, ni de los deberes del personal de salud al respecto*.

Lo que Hannah Arendt planteaba con respecto a la banalidad del mal, llevado a un terrible plano experimental por Milgram en sus estudios sobre la obediencia y por Zimbardo en su prisión ficticia (o no tanto), parece cada día mas atinente a nuestra realidad. 

Es necesario, aun mas bien diría imprescindible, y urgente, que incorporemos esto a nuestros debates sobre la bioética. Plantear la deliberación pública ignorando el efecto que han tenido las violaciones a los DDHH sobre la ciudadanía es ingenuo. Nos han metido miedo, y era lo que buscaban. Pero por suerte, y gracias al trabajo de mucha gente comprometida en América Latina, día a día ese miedo disminuye, se van alzando más voces y recuperamos nuestra memoria. Quienes secuestraron a Julio Jorge López lo saben, y lo secuestraron por eso.

Es necesario que hagamos oir nuestra voz, que no callemos, que trabajemos estos temas ajenos a la “bioética ortodoxa”, pero tan cercanos a la ética de nuestras vidas cotidianas, muy especialmente cuando algunos “bioeticistas” intentan disfrazar las cosas llamando a la tortura “interrogatorio intenso”, y planteando su permisibilidad (quienes lo deseen pueden ver en http://tinyurl.com/2ent6q dos publicaciones donde explico mi posición al respecto, y sugiero ver también los trabajos de Miguel Kottow).

En solidaridad con Julio Lopez, con tod@s l@s desaparecid@s de nuestra América Latina, y con tod@s aquell@s cuyos Derechos Humanos son cotidianamente violados en la actualidad.

Luis Justo

 

 

 

* La Cátedra de Bioética de la Universidad del Comahue (en la Patagonia argentina) incorporó el tema de los Derechos Humanos, y de las obligaciones profesionales frente a la tortura desde su inicio en 1999. Médicas y médicos en formación lo entienden muy bien, cuando se les plantea el problema. Muchos de ellos nos decían, en su lenguaje juvenil “¡esto me abrió la cabeza!”.

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