Personal de salud, interrogatorios, tortura

El tema de la participación de personal de salud (enfermer@s, psicólog@s, médic@s) en situaciones lisas y llanas de tortura, o en facilitar a los torturadores información (confidencial) sobre debilidades aprovechables de los prisioneros, o en esas ocasiones de tratos inhumanos, crueles o degradantes, es cada vez más preocupante. Algunas asociaciones se manifiestan claramente en contra, pero otras no tanto. Y como dice (y demostraron experimentalmente Philip Zimbardo y Stanley Milgram) Zimbardo, la admisibilidad institucional de comportamientos aberrantes juega un papel crucial en que personas, aparentemente “normales”, los adopten como corrientes, viables, y hasta que los practiquen.

Como ejemplo de conducta institucional éticamente temblequeante es interesante leer: A Profession Struggles to Save Its Soul – Psychologists, Guantanamo and Torture, de S. Soldz, publicado en http://www.counterpunch.org/soldz08012006.html (versión en español en Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=35870)

Creo que es tiempo de que tod@s reflexionemos sobre estos temas, y sobre las definiciones que adoptan aquellas sociedades, colegios profesionales, etc, a las que pertenecemos. Las profesiones dedicadas a la salud son radicalmente incompatibles desde el punto de vista ético con cualquier participación, aunque sea indirecta, en estas violaciones a los derechos humanos de personas detenidas, sea con causa o sin ella, sean inocentes o culpables. 

LJ

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